La joven repostera Alma (medida Araceli
González) reparte con su moto tortas postres y demás, tiene un novio que es más
un amigo (muy bien Diego Peretti) y sueña con tener su propio restaurante.
Tiene todos los clichés en su propia casa: padre maltratador, madre típica y
mejor amiga (increíble Valeria Bertuccelli) que a su vez tiene hermano ladrón
que entra y sale de la cárcel todo el tiempo. Viven en La Boca y su vida
transcurre ahí.
El tema es que Alma conoce a Leo (un
Pablo Echarri cómodo en un rol que le sale de taquito) y Leo es otra cosa. Se
está por casar con una novia que le maneja todo (otro cliché caminante, a cargo
de Adriana Salonia) y como no podía ser de otra manera, estas dos personas tan
opuestas se atraen y desatan el conflicto de esta historia de amor de la que
solo se puede decir que valía más para una novela de la tarde que para hacer
una película entera. Con mucho prototipo dando vueltas (la amiga prostituta, la
novia controladora, el amigo chanta), esto hace que carezca de sutileza, y pase
a ser una especie de pastiche lleno de escenas que destacan una y otra vez,
cosas que son ya de por sí, obvias. Ejemplos de esto son los amigos
"Titanes en el ring" del novio de Alma, pegándole a Leo, el trilladísimo
recurso del embarazo no deseado, la escena de la pelea de Alma con su amiga
Fanny el día de Navidad (escena a la que se le dio una importancia excesiva con
respecto a la trama), y en general uno termina la película y siente que en
realidad es solo para ver como pasatiempo un domingo a la tarde. Al carecer de
la sutileza necesaria para contar algo que en realidad, no tiene mucho
análisis, (historia de amor entre chica pobre y niño rico, historia que ya se
ha contado mil veces) y al carecer de originalidad para contarla, solo queda alguna
que otra risotada debida, en gran medida, a personajes como el de Damián de
Santo o la Bertucelli. El resto, olvidable.

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