La
frase rosa/sospechosa del título de este artículo le pertenece a Madonna, que en su última gira
The MDNA Tour, recorrió el mundo cantando la pista Beautiful Killer, un
homenaje a Alain Delon y a su papel en la película El
Samurai donde dio vida al frío asesino
Jef Costello.
Tal vez lo anterior sea
una prueba fehaciente de la cultura pop no ha perdido del todo sus estribos ya
que en efecto, cincuenta años después del estreno
de esta película dirigida por Jean Pierre Melville, la
figura de Costello sigue intacta como uno
de los criminales más contundentes de la historia del cine.
¿Y cómo no? Si después de
ver esta peli es cuando menos imposible
olvidar el rostro pulcrísimo y seductor—todos los hombres deberían
reconocerlo-- del entonces treintañero Alain Delon, paseándose por las calles de París sombrero a la medida,
sobre todo caqui y tempano de hielo en la mirada.
Costello, que vive en una habitación casi vacía, verdosa y decadente acompañado de un pájaro
que le canta mientras él fuma, se gana
la vida matando sin dejar rastro. Después de asesinar al dueño de un bar de
jazz y ser arrestado como sospechoso del crimen es perseguido por quienes
encargaron el trabajo por temor a ser delatados.
Pero qué poco lo conocen!..
él es todo un mar de silencio; tanto,
que prefiere pasarse callado los
primeros ocho minutos del film y solo abrir la boca para lo absolutamente
necesario: crear una coartada.
Delon: soberbio, en el
que quizás sea el gran papel de su carrera. Sin palabras nos hace
saber o al menos presentir quién es, cuál es su código ético e incluso
la ausencia de discurso le alcanza para insinuarnos de entrada que será difícil robarle una sonrisa en los 105 minutos de metraje.
El film se nutre de una puesta en escena impecable mostrando
lo que importa “¡Aquí está pasando esto y punto!”, diría Melville, que también
dibuja otros personajes en un circuito
en el que aparecen sus objetivos
pero nunca sus motivaciones.
Y he allí la soledad como
solo Melville la podía delinear. El
mismo director de El Ejército de las Sombras
dotó a esta película de una tranquilidad
y minimalismo absoluto (como poca veces se vio en el
ambiguamente llamado cine negro) que puestas en la lente de otro
director de seguro hubiese desembocado
en un río de balas y sangre artificial. Nada de eso! aquí solo hay espacio para
la exquisitez de un guión redondo como
una bola de billar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario