lunes, 4 de noviembre de 2013
Crítica a favor: El Club de la Pelea, por Daniela Ciccotta
Fight Club (1999) es un film que reflexiona sobre la sociedad de consumo y
logra lucirse como una suerte de crítica a los valores que supo enaltecer la
sociedad moderna y lo que sigue siendo el discurso hegemónico que rige en la
actualidad: la cultura del confort, el lujo, el poder, y lo estrictamente
material, como promesa de felicidad.
“Hojeaba los catálogos y me
preguntaba ¿qué juego de comedor me define como persona?” reflexiona el personaje de esta historia en
un intento de responder un orden de su vida que comienza a hacerle ruido. El
protagonista de esta película (Edward Norton) del cual no se devela su nombre, es
un joven que vive en una ciudad que parece estimularlo continuamente, un entorno por el que se ha dejado seducir.
Sin embargo, está atravesando una fuerte crisis interna: está aburrido de su
trabajo, y de todo lo que lo rodea y lo exterioriza
con problemas de insomnio. En medio de esa vorágine, buscando mermar ese
malestar que no consigue materializar con palabras, comienza a concurrir a
grupos de autoayuda para enfermos terminales y a deambular por la ciudad. Es así
como tropieza con Dyler Durden, un
vendedor de jabón que tiene una filosofía de vida totalmente opuesta a la
suya. Dyler reinvidica lo que en términos
del teórico Georges Bataille es la experiencia soberana, el derroche y la
autodestrucción como ejercicio de liberación subjetiva. A través de su filosofía de vida, Dyler le
muestra una forma de concebir la realidad que hasta entonces el protagonista
consideraba inexplorada. Juntos fundan “El club de la pelea”, un espacio de
entretenimiento con otros hombres, donde la pelea cuerpo a cuerpo parece ser
una especie de catarsis ante lo que repudian del mundo terrenal.
Dirigida por David Fincher, este film es protagonizado por Edward Norton,
Brad Pitt, y Helena Bomham Carter. Se destaca por su guión sólido y sagaz, con diálogos
que son un verdadero sopapeo al sentido común de la comodidad y de las verdades
que tranquilizan. La fotografía y el tratamiento visual del film son otro gran
acierto de esta propuesta, que se lucen con planos muy dinámicos donde a la
violencia y a la insatisfacción las separa una delgada línea. Por otro lado, el
recurso de la voz en off del protagonista, funciona como hilo conductor entre
tanto despliegue, y contribuye a mantener el suspenso y la intriga en el
tratamiento del clímax que es inteligentemente abordado, manteniendo en velo al
espectador con un final tan sorpresivo como revelador.
Fight Club es una película que propone un lugar transgresor
como forma de entender la realidad. Constituye una reflexión sobre el valor de
la utilidad para medir la existencia humana, las relaciones sociales y la vida
material y simbólica del hombre, que reducen todo esfuerzo a la producción y acumulación de bienes. Probablemente
esa sea su contribución más celebrada:
la indiferencia frente al futuro y la renuncia a todo dominio, concepciones que
para la sociedad moderna, cuyo pivote es el progreso son consideradas absurdas.
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