EL SANTO DE LA ESPADA , Argentina,1970.
Film de carácter histórico dirigido por
Leopoldo Torre Nilsson con la pretensión – a mi criterio frustrada--de reflejar
la gesta sanmartiniana. Contó con una producción muy generosa en lo que se refiere a lo material en particular si pensamos en los estándares
argentinos de la época.
Nuestro país atravesaba los años de otro
gobierno militar. Efectivamente se vivía bajo el régimen de la llamada
Revolución Argentina presidida por el Gral. Onganía desde 1966.Era necesario
mostrar que lo militar estaba asociado a todo lo bueno y positivo.
La opción era clara: se toma la figura de San
Martín pues éste exhibe una imagen de ética impecable y así el homenaje de que
se lo hace objeto vehiculiza simultáneamente destacar el rol de las fuerzas armadas.
Aparece una carga ideológica clara y
contundente, más allá de la innegable epopeya de los soldados y de quien toma
la responsabilidad de llevar a cabo una
gesta de tal envergadura. Objetivo: enfrentar a España para libertar
estas tierras y –nada menos – que cruzar la cordillera de los Andes para emancipar
Chile y continuar posteriormente en la
lucha por la libertad hacia Perú. El relato va mostrando los esfuerzos,
sacrificios y logros de tamaña empresa.
Para la realización de esta película se
efectuó una significativa recopilación
de documentación histórica, se contó con
numerosos extras en las escenas bélicas y con el concurso de muchos de los mejores
actores de esos años apuntando a una gran producción-homenaje.
No obstante las buenas intenciones, se cae en
una exposición muy primaria de estampas escolares bastante básicas que apenas
disimula un enfoque primitivo del tema.
Y entonces el efecto tan temido de la patriótica
estatua de bronce se torna inevitable.
Sobran algunas escenas un tanto machaconas y
faltan otras que evidencien la magnitud de la agudeza táctica y estratégica de
San Martín.
Llama la atención en un Torre Nilsson que en
tantos films trasuntó sutilezas en la descripción de personajes y en los que abundaba
en matices y claroscuros propios de los seres humanos.
Aquí, por el contrario, aparece el trazo
grueso. Será quizás resultado de la presión de un Estado que marcaba qué cosas
pueden decirse y cómo deben ser reflejadas.
La marcación de los intérpretes es meramente correcta
pues no pueden apartarse de aquella encorsetadura. Como los personajes han
mutado en prototipos actores y actrices cumplen así solo con oficio, aportando
una lectura muy inferior a sus méritos en anteriores trabajos.
La fría narración se torna farragosa en
ciertos tramos que le restan agilidad a las vicisitudes mostradas -- eso --sí
con una muy destacable fotografía de exteriores que capta el contraste del hombre
en medio de una imponente naturaleza.

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