La más reciente obra de Juan José
Campanella no convence. Nos deja una colección de momentos de gran
espectacularidad visual que ni quitan ni
aportan a la historia. Aunque tiene ritmo, el guión es flojo desde el
principio.
Veinte
millones de dólares costó esta película animada en tercera dimensión que desde
hace varios años tuvo a todo el mundo con las expectativas al cien. Si a esto
le sumamos que a la cabeza del proyecto estuvo el oscarizado Juán José Campanella,
las quinielas no podían hacer otra cosa que apostar a una gran historia apoyada por una taquilla de juegos
pirotécnicos.
Como
era de esperarse no hubo un rincón en Buenos Aires exento de la feroz campaña publicitaria del film, a
tal punto que antes del estreno todos amábamos a Amadeo y a sus figuras de
Metegol que cobran vida para ayudarlo a rescatar al pueblo de las manos de un
villano que ha sido proclamado el mejor jugador de fútbol del mundo.
La
apuesta por la taquilla fue acertada: 700.000 tickets en los primeros siete
días, pero la historia tiene más de un agujero negro.
La
cinta, de animación y dirección impecables, cuida milimétricamente del sonido
y fotografía, entre otros aspectos. Cuenta con secuencias de acción y persecución de gran espectacularidad visual
como la del parque de diversiones y
flaquea en otros tantos como la música estridente/omnipresente que retumba
en todo momento.
Pero
la gran falla reside en la semilla de la historia escrita por el propio Campanella
y Eduardo Sacheri. No le apuestan a nada ni
a nadie: Ni a Amadeo, que alcanza
su meta inverosímilmente ganando un partido de fútbol sin tener ni la más
remota aptitud o posibilidad real de lograrlo; ni a las chistosas figuras de metegol que no cumplen
otra función que la de darle el nombre y publicidad al film (porque en realidad
no hacen nada y cuando finalmente pueden demostrar su utilidad en el partido
final son relegados por otros personajes del pueblo que a penas habían aparecido un par de veces y
que terminan llevándose todo el protagonismo); ni al Pueblo, que no logra tener
la simpatía suficiente para preocuparnos por su destrucción.
Sin
embargo Metegol entretiene. No es
aburrida y en parte se le agradece la
hora y pico sentados en la butaca del cine. Después de verla es posible pensar que es una buena película. Pero ¡Ojo!.. puede tratarse del espejismo creado por valores
como “amistad” y “lealtad” que transmite
la historia, los que por un momento
intentan convencernos.

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