“¿Te puedo hacer una pregunta? ¿Qué harías si aparece en tu vida otra mujer con tu nombre y apellido?”
Silvia Prieto de Martin Retjman, es una película literal; en ella las
palabras, las cosas y las personas se vuelven intercambiables. Es por esto que
la vida de Silvia Prieto se transforma cuando se entera de que existe otra
persona con su mismo nombre. El director nos muestra una historia donde lo mínimo
y lo cotidiano son los protagonistas. No pasan cosas extraordinarias, la trama
no da vuelcos inesperados. Sin embargo los personajes viven de forma intensa y
en el film esto aparece a través de las sutilezas. Un sobrenombre de infancia puede ser la tragedia de una vida, o
tener el mismo nombre y apellido puede ser razón suficiente para formar un club
y hacer reuniones semanales. Los lugares comunes son el escenario del director:
el tenedor libre, una esquina en ochava llena de grafitis, la clásica pizzería
Kentucky; y los objetos comunes también lo son: una fea figurilla femenina de
cerámica, una lámpara de botella, un péndulo o el video casero de una fiesta de
casamiento tienen tanto protagonismo como las personas.
La película tiene mucho de la época en la que fue filmada; los
personajes flotan, en un Buenos Aires en la década del 90’ donde los problemas
económicos empiezan a sentirse y se ven los cambios culturales luego de años de
una economía abierta al mundo. Y es que
como en la vida de cada uno de ellos, lo insólito es vivido con toda
naturalidad, así como la ficción económica y financiera de aquellos años en la
argentina fue vivida de la misma forma.
Para confirmar todo aquello que nos sugiere a lo largo de la película,
Retjman termina con una verdadera reunión de Silvias Prieto, donde ellas nos
cuentan un poco de sus vidas, sin nada que envidiarle a las de los personajes.
En mi opinión, la magia y el extraño encanto de esta excelente película aparecen cuando nos demuestra que nombrando el
mundo descubrimos que la mayoría de las cosas que hacemos no tienen ningún
sentido y sin embargo las hacemos igual.

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